En 1883, el matemático francés Édouard Lucas presentó al mundo un rompecabezas que parecía un simple juguete de salón victoriano: tres postes, una torre de discos de distinto tamaño y una regla sencilla —mover un disco a la vez sin colocar nunca uno grande sobre uno más pequeño. Lo llamó las Torres de Hanói. Lo que Lucas quizá no sospechaba es que ese juego, nacido como entretenimiento matemático, acabaría convirtiéndose en uno de los modelos conceptuales más profundos para entender cómo piensan las máquinas, cómo se diseña un algoritmo y qué significa resolver un problema de manera estructurada.
Rompecabezas, las Torres de Hanói y el nacimiento de la recursividad
11 de diciembre de 2025



