En 1983, el matemático británico Stephen Wolfram comenzó a popularizar el estudio de los autómatas celulares, sistemas formales en los que un conjunto de celdas evoluciona con el tiempo siguiendo reglas sencillas. Entre todos ellos, uno se volvió especialmente célebre: la Regla 110, llamada así por el número que identifica su patrón de actualización. A primera vista, parecía un juguete matemático sin importancia, pero pronto se descubrió que encerraba una lección profunda sobre la complejidad, la computación y la inteligencia artificial.
Regla 110: complejidad en lo simple
17 de octubre de 2025



