La pregunta parece sacada de la ciencia ficción, pero toca el corazón de uno de los debates más urgentes de nuestro tiempo. En 2006, el filósofo John P. Sullins, de la Universidad Estatal de Sonoma en California, planteó una idea provocadora: si una inteligencia artificial alcanza suficiente autonomía respecto a sus programadores y cumple ciertas condiciones, puede ser considerada un agente moral. Dichas condiciones incluían tres aspectos: que la IA actuara con intenciones, que comprendiera su responsabilidad frente a otros agentes morales y que, además, respondiera en consecuencia.
¿Puede una inteligencia artificial ser un agente moral?
16 de septiembre de 2025



