Pensar más lento para llegar más lejos
15 de julio de 2025
Durante años, el mundo de la tecnología creyó avanzar en línea recta, como una flecha lanzada hacia el futuro. Cada año, los chips eran más pequeños, los cálculos más rápidos, los modelos más ambiciosos. La inteligencia artificial se convirtió en el nuevo oráculo, con millones de servidores trabajando como colmenas invisibles, generando predicciones, textos, imágenes. Y también calor. Mucho calor.
Ese calor, que se escapa en forma de energía disipada, se convirtió en un susurro incómodo que pocos querían escuchar. Pero Michael Frank, un ingeniero obstinado, llevaba tiempo advirtiendo que ese susurro podía convertirse en grito. Ya en los años noventa, cuando era estudiante, entendió que la inteligencia artificial no solo iba a ser compleja, sino también voraz. Entonces, en lugar de seguir corriendo tras ella, giró hacia otra dirección: buscar cómo pensar sin quemar.



