McNamara supo contar lo que importaba
16 de julio de 2025
En los años cincuenta, cuando Robert McNamara dirigía los análisis en la Ford Motor Company, ya se había ganado fama de ser un hombre que confiaba más en las cifras que en los impulsos. No era un ingeniero clásico, sino un matemático con traje gris, que prefería las hojas de cálculo al instinto. A diferencia de sus colegas de la industria automotriz, McNamara no preguntaba si un coche era bonito o rápido. Preguntaba cuántas millas por galón ofrecía, cuántas reparaciones necesitaba en su primer año, cuántos clientes lo recomendaban. Su obsesión no era la producción, sino la información. Para tomar decisiones correctas, había que contar bien. Y para contar bien, había que saber qué contar.



