A lo largo de la historia, la humanidad ha buscado reproducir en máquinas aquello que más nos define: la consciencia. Uno de los intentos más fascinantes surgió en 1999, cuando el investigador Stan Franklin desarrolló un programa llamado LIDA (Learning Intelligent Distribution Agent), inspirado en la teoría del espacio de trabajo global de Bernard Baars, formulada en 1988. Según Baars, la consciencia funciona como un teatro mental donde distintas representaciones compiten por acceder a un escenario central desde el que influyen en la conducta. Franklin quiso llevar esa teoría a la práctica con un sistema computacional capaz de emular el flujo de atención y decisión humanos.
LIDA y la ilusión de la consciencia en las máquinas
8 de septiembre de 2025



