Durante mucho tiempo, la inteligencia artificial parecía condenada a ser una promesa que nunca llegaba a cumplirse. En las décadas de 1960 y 1970, cuando los primeros investigadores hablaban de máquinas inteligentes, la sociedad la colocaba en la misma categoría que los coches voladores o la fusión nuclear: avances que siempre parecían estar a la vuelta de la esquina, pero que nunca terminaban de materializarse. Esa sensación recuerda a la paradoja de Zenón, en la que Aquiles nunca alcanza a la tortuga porque cada vez que avanza, queda un nuevo tramo por recorrer. En la mente de muchos, la IA siempre estaba a “unos pocos años” de volverse real, y esos años nunca se agotaban.
La paradoja de Zenón y la promesa cumplida de la inteligencia artificial
27 de septiembre de 2025



