La fábrica que calculaba: cuando los peluqueros se volvieron algoritmos
15 de mayo de 2025
En la Francia revolucionaria de finales del siglo XVIII, cuando los salones de la aristocracia se vaciaban de pelucas y los palacios de títulos nobiliarios, un ingeniero llamado Gaspard de Prony tuvo una idea tan radical como silenciosa: aplicar la lógica de la industria a las matemáticas. Inspirado por la organización del trabajo en la manufactura británica, De Prony concibió una fábrica logarítmica, una suerte de cadena de montaje intelectual cuya finalidad no era producir objetos, sino tablas numéricas. Su misión: generar, con altísima precisión, miles de entradas logarítmicas necesarias para realizar catastros y medir tierras en el nuevo orden republicano.



