Durante los años setenta y principios de los ochenta, la inteligencia artificial estuvo dominada por los sistemas expertos, programas como DENDRAL (1965) en química, MYCIN (1972) en medicina o XCON (1980) en la industria de la informática. Su promesa era capturar en reglas lógicas el conocimiento de los especialistas humanos y aplicarlo a problemas concretos. Durante un tiempo funcionó: demostraban que la IA podía ofrecer diagnósticos, recomendaciones o configuraciones con eficacia. Pero hacia finales de los años ochenta, el entusiasmo se apagó. Los sistemas expertos resultaron costosos de mantener, frágiles fuera de sus dominios y poco escalables. Esa crisis se conoció como el invierno de la IA, un periodo de desencanto y reducción de financiación.
IA bioinspirada: cuando las máquinas miraron a la naturaleza
9 de octubre de 2025



