La inteligencia artificial moderna fascina tanto como inquieta. Un ejemplo claro es GPT-3, presentado en 2020, que representa lo que el filósofo Ned Block llamaría un enorme blockhead: un sistema capaz de manejar el lenguaje con enorme competencia, pero sin comprender nada de lo que dice. La metáfora conecta con la famosa habitación china de John Searle en 1980: un escenario donde alguien puede manipular símbolos siguiendo reglas sin entender jamás su significado. GPT-3 es precisamente eso: un prodigio de correlaciones estadísticas que, si da un paso más, podría superar el test de Turing propuesto en 1950, sin haber comprendido ni una sola palabra.
GPT-3 y la paradoja del entendimiento: entre la fuerza bruta y la fragilidad
10 de septiembre de 2025



