Una cosa es que una inteligencia artificial nos hable con fluidez, y otra muy distinta es que entienda el mundo como nosotros. Porque, más allá de gramáticas y algoritmos, la clave de la inteligencia —la verdaderamente útil— está en eso que los humanos damos por sentado: el sentido común. La capacidad de inferir lo que no se dice, de anticipar lo que es obvio, de movernos por un mundo lleno de ambigüedades sin necesidad de reglas explícitas. Y, aunque pueda parecer sorprendente, desde hace más de cuatro décadas hay quienes han intentado enseñarle eso a las máquinas.
El sueño de codificar el sentido común: la ambición del proyecto Cyc
16 de agosto de 2025



