En el siglo XIX, Europa vivió una mezcla singular de nostalgia por los autómatas del siglo anterior y una creciente confianza en el progreso tecnológico que transformaba fábricas, ciudades y formas de vida. La tradición de los relojeros e inventores que construían máquinas capaces de imitar gestos humanos no solo continuó, sino que alcanzó una precisión sorprendente. Los autómatas se volvieron más refinados, más fluidos, más convincentes. Ya no eran solo juguetes de lujo para las cortes, sino piezas exhibidas ante públicos masivos que acudían a ferias, salones mecánicos y, especialmente, a las grandes exposiciones universales que marcaron el ritmo cultural del siglo. El siglo XIX no construyó inteligencias artificiales, pero sí alimentó la imaginación colectiva que las haría posibles.
El siglo XIX y el nacimiento cultural de la inteligencia artificial
24 de noviembre de 2025



