Desde el primer día en que alguien talló un rostro en piedra, la humanidad ha sentido el impulso de crear algo a su imagen y semejanza. No bastaba con que los objetos funcionaran; queríamos que entendieran. No bastaba con que obedecieran; queríamos que eligieran. Y si elegían, ¿podían sentir? Esa fue, y sigue siendo, la pregunta prohibida, el santo grial de la inteligencia artificial: la conciencia.
El Santo Grial eléctrico: cuando las máquinas quisieron sentir
25 de junio de 2025



