En 1975, el filósofo Jerry Fodor presentó una idea que marcó profundamente la ciencia cognitiva: la hipótesis del mentalés. Según Fodor, debajo del idioma que usamos a diario para pensar y comunicarnos —español, inglés, chino— existe una estructura más profunda, un “lenguaje del pensamiento” en el que realmente estaría programado el cerebro. La prueba, argumentaba, es que pensamos incluso sin palabras: tenemos imágenes, intuiciones y razonamientos que luego traducimos al lenguaje natural, pero cuyo soporte sería este código mental subyacente.
El mentalés sería, por tanto, un lenguaje universal, innato, que no aprendemos como aprendemos a hablar, sino que ya está en nosotros como parte de la arquitectura cognitiva. La tarea del científico cognitivo, sostenía Fodor, no debería limitarse a estudiar los idiomas humanos, sino a descubrir cómo funciona ese lenguaje mental oculto que permite que cualquier otro lenguaje sea posible.



