En los últimos años, los avances en inteligencia artificial han alcanzado niveles que hace solo una década parecían ciencia ficción. Hoy, millones de personas conversan a diario con modelos capaces de generar textos complejos, responder con empatía e incluso simular introspección. Para muchos usuarios, el efecto es tan convincente que terminan atribuyendo emociones reales a lo que, en el fondo, no es más que cálculo probabilístico. ¿Podría ser que estas máquinas realmente comprendan, sientan o sufran?
El espejismo brillante: por qué la inteligencia artificial no siente ni comprende
15 de agosto de 2025



