En 1943, dos hombres —un neurofisiólogo, Warren McCulloch, y un joven lógico autodidacta, Walter Pitts— publicaron en la revista Bulletin of Mathematical Biophysics un artículo con un título que, aunque parecía técnico, contenía una promesa revolucionaria: A Logical Calculus of the Ideas Immanent in Nervous Activity. Con ese texto fundaron la neurociencia computacional y, de manera indirecta, la inteligencia artificial moderna.
Su propuesta partía de una pregunta tan antigua como la filosofía: ¿cómo piensa el cerebro? McCulloch y Pitts creían que los procesos mentales podían explicarse con los mismos principios que gobernaban los sistemas lógicos. Inspirados en las investigaciones de Alan Turing (1936) sobre la computación y en la fisiología neuronal conocida en su época, propusieron un modelo matemático del cerebro compuesto por neuronas artificiales.



