En los inicios de la inteligencia artificial, durante los años cincuenta y sesenta, la gran ambición era construir sistemas de propósito general. Programas como el Logic Theorist (1955) o el General Problem Solver (1957), de Herbert Simon y Allen Newell, intentaban resolver cualquier tipo de problema formalizable. La idea era que, con una arquitectura lo suficientemente flexible, una máquina podría enfrentarse a desafíos de matemáticas, juegos o razonamiento cotidiano. Pero con el paso de los años quedó claro que estos sistemas eran demasiado lentos e ineficientes para manejar la complejidad del mundo real.
De lo general a lo específico: la era de los sistemas expertos
8 de octubre de 2025



