A principios de los años 80, en pleno auge de los salones recreativos y los microordenadores domésticos, la inteligencia artificial encontró un laboratorio inesperado: los videojuegos. Mucho antes de los robots industriales, de los coches autónomos o de los grandes modelos de lenguaje, los videojuegos ya estaban experimentando con agentes artificiales, criaturas digitales que reaccionaban al jugador, tomaban decisiones y simulaban comportamientos estratégicos. Eran simples, sí, pero fueron las primeras IAs con las que el público masivo interactuó a diario. Y, sin saberlo, sentaron algunas de las bases conceptuales del debate moderno sobre autonomía, agencia y comportamiento emergente.
Cuando los juegos empezaron a pensar: los primeros sistemas de IA en videojuegos y el nacimiento de los agentes autónomos
29 de diciembre de 2025



