Desde los albores de la lingüística, los pensadores se han preguntado qué significa realmente una palabra. Durante siglos, la respuesta dominante fue aparentemente sencilla: las palabras significan en la medida en que tienen un referente en la realidad. Así nació y se consolidó la teoría referencialista del lenguaje, un modelo que parecía tan intuitivo como convincente. Decir “manzana” significaba, según esta visión, remitir a la manzana del mundo real que todos podíamos ver, tocar o probar. El lenguaje, en esta concepción, funcionaba como un espejo: cada término debía encontrar su correspondencia exacta en las cosas.
Cuando las palabras buscaban su reflejo en el mundo
21 de agosto de 2025



