A comienzos del siglo XX, mucho antes de que existieran los ordenadores y casi medio siglo antes de que alguien hablara de inteligencia artificial, un grupo de matemáticos comenzó a explorar un territorio inesperado: no cómo resolver problemas, sino qué significa que un problema sea resoluble. Fue un giro radical. La matemática ya no estudiaba solo números o figuras, sino el concepto mismo de procedimiento, de cálculo, de regla efectiva. Y en ese nuevo territorio —la teoría temprana de la computabilidad— nombres como Thoralf Skolem, Emil Post y Alonzo Church se convirtieron en los pioneros silenciosos que prepararon el escenario para Turing y para toda la IA que vendría después.
Cuando las matemáticas descubrieron sus propios límites: Skolem, Post y Church y el nacimiento de la computabilidad
10 de diciembre de 2025



