En la década de 1930, mucho antes de que la palabra “inteligencia artificial” existiera, comenzaron a aparecer en laboratorios, hangares y centros de ingeniería una serie de dispositivos que, vistos desde hoy, resultan sorprendentemente familiares. Eran máquinas analógicas, electromecánicas o eléctricas, pero realizaban funciones que asociamos directamente con la inteligencia: predecían, estabilizaban, reconocían patrones y se adaptaban a un entorno cambiante. No eran “pensantes” en un sentido moderno, pero encarnaban por primera vez la idea de que una máquina podía procesar información, anticipar el futuro o corregir sus errores. Sin saberlo, los ingenieros de los años 30 estaban diseñando los prototipos conceptuales de la IA.
Cuando las máquinas empezaron a intuir el mundo: los dispositivos de los años 30
27 de diciembre de 2025



