A comienzos del siglo XX, en un mundo dominado todavía por motores de vapor, líneas telefónicas primitivas y redes eléctricas en expansión, ocurrió un descubrimiento silencioso que transformaría para siempre la manera en que funcionan las máquinas y, muchas décadas después, la manera en que aprenden las inteligencias artificiales. Ese descubrimiento fue el feedback, la idea de que un sistema puede comparar su estado actual con un objetivo, detectar desviaciones y corregir su comportamiento automáticamente. Lo que hoy consideramos evidente —desde un termostato hasta un algoritmo de aprendizaje por refuerzo— fue en su origen una revolución conceptual: el momento en que la industria entendió que las máquinas podían regularse solas.
Cuando las máquinas aprendieron a corregirse: los primeros conceptos de feedback en el control industrial
26 de diciembre de 2025



