En 2014, en una sala poco iluminada del Royal Society de Londres, ocurrió algo que venía gestándose desde hacía más de medio siglo. Un programa informático llamado Eugene Goostman —un adolescente ucraniano ficticio de 13 años— logró convencer a un tercio de los jueces de que no era una máquina, sino una persona real. No voló, no compuso poesía, no diagnosticó enfermedades. Simplemente, habló como si sintiera. Y con eso, superó el Test de Turing. O al menos, eso dijeron los titulares.
Cuando Eugene nos devolvió el saludo
29 de junio de 2025



