En la década de 1770, el relojero suizo Pierre Jaquet-Droz, junto con su hijo Henri-Louis y Jean-Frédéric Leschot, construyó tres de los artefactos más impresionantes de su tiempo. El Escribano, capaz de redactar frases enteras con una pluma real mientras movía los ojos; el Dibujante, que trazaba retratos con una precisión inquietante; y la Pianista, que ejecutaba melodías completas acompañadas de respiraciones y gestos casi humanos.
Cuando el siglo XVIII creyó que las máquinas podían despertar
23 de noviembre de 2025



