Toda mente —humana o artificial— necesita un modo de organizar la información para no ahogarse en ella. El cerebro no almacena datos uno a uno, sino que los agrupa, los asocia y los comprime en unidades manejables. A ese proceso, la psicología cognitiva lo bautizó en 1956 como chunking, y más de medio siglo después, la inteligencia artificial lo adoptó para resolver uno de sus propios dilemas: cómo procesar más conocimiento del que cabe en su memoria.
El término chunk fue introducido por el psicólogo estadounidense George A. Miller en su célebre artículo The Magical Number Seven, Plus or Minus Two (1956). Miller observó que la memoria de corto plazo humana podía retener, de media, entre cinco y nueve elementos a la vez. Pero si esos elementos se agrupaban en unidades significativas —por ejemplo, recordar “IBM CIA FBI” en lugar de “I-C-A-F-B-I”—, la capacidad de la mente se multiplicaba. El cerebro, concluía Miller, no recordaba letras ni números, sino bloques de sentido.



