Durante décadas, la inteligencia artificial fue una promesa siempre al borde de cumplirse. Existía en laboratorios, papers y demostraciones espectaculares, pero era una herramienta lejana, técnica, casi abstracta. Hasta que, en noviembre de 2022, apareció ChatGPT. En apenas unos meses, lo que había sido patrimonio de investigadores se convirtió en un fenómeno cultural. La IA se volvió usable, cotidiana y, por primera vez, comprensible.
El término “killer app” —acuñado en los años ochenta para referirse a una aplicación capaz de impulsar una tecnología entera— había tenido ejemplos icónicos: la hoja de cálculo VisiCalc (1979) que justificó la compra de los primeros ordenadores personales, o Mosaic (1993), el navegador que llevó Internet al gran público. ChatGPT desempeñó ese mismo papel para la inteligencia artificial: fue la aplicación que hizo que la IA pasara del laboratorio al lenguaje común.



